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Abrazo fantasma

  • Foto del escritor: cosmicafanzine
    cosmicafanzine
  • 31 may 2022
  • 3 Min. de lectura

La Oscuridad bajaba, bajaba como un techo de tinieblas 
o una garganta sin fondo y parecía tener ojos y poder elegir. 
Mariana Enriquez

Una ausencia, es una forma de presencia muy cruel. Hacía meses que no sabía nada de ti y para conciliar el sueño, todas las noches escuchaba las meditaciones guiadas de la aplicación anti-ghosting. En términos generales el método era efectivo. Poco a poco conseguía borrar de mi mente fragmentos tuyos. Era como un descuartizamiento onírico. Primero desaparecieron tus facciones. Al deslizarme en sueños podía ver tu rostro escurriéndose, como si fuera cera derretida. Solo la impronta de tu mirada permanecía intacta persiguiéndome. Después, la memoria del tacto sobre tu torso y tu cuello se volvió borrosa. Pero el rastro de tu aroma a sudor almizclado y café se aferró a mi olfato. Los recuerdos abstractos eran los que más tardaban en difuminarse. Pequeños detalles que se negaban a desaparecer. Sutilezas como la sensación de tu peso contra el mío cuando dormíamos juntos.

Ya no conservo una imagen completa de ti. Pero las partes, deshilvanadas y sin sentido, a veces me juegan malas bromas. Me encontraba soñando con un abrazo fantasma. Reconocí tus brazos, pero eran como miembros amputados, sin cuerpo. A pesar de la extrañeza de la imagen, me sentía reconfortada y protegida por ellos. Una sacudida me despertó de golpe y me salvó de dar la vuelta completa por la línea del metro. Las mecidas que me arrullaban, en realidad eran los brincos rítmicos del vagón sobre los durmientes. Al abrir los ojos me lastimó la luz fría y me sentí desorientada. ¿En qué estación me encontraba? Como era costumbre, había abordado el vagón de mujeres. Venía de la última clase y acababa de presentar el examen final para la materia de Teorías de la personalidad. El día anterior me había desvelado estudiando. Apenas cerraron las puertas metálicas, abracé mi mochila cargada de libros y todo el peso del cansancio cayó sobre mí.

Mi celular se había descargado y todo lucía desierto. Sentí temor de encontrarme sola en el transporte a esa hora incierta. Hasta que distinguí al fondo una figura encorvada y oscura. Bajo la visera de su gorra noté una mirada turbia siguiendo mis movimientos. Su hombro se movía y se mordía el labio inferior. Un frío me recorrió la espalda. Me enderecé y tuve que acomodar mis lentes para tener claridad sobre lo que ocurría. Durante esa semana ya había experimentado algunos saltos inusuales en mi pensamiento y por momentos dudaba de mi percepción. Observando a ese ente que parecía gozar con mi incomodidad, mi cerebro trataba de separar la fantasía de la realidad. Pero en cuanto vi que sus ojos se ponían en blanco y la saliva escurría de sus labios, no lo pensé más y accioné la palanca para emergencias. Tras un par de minutos frenamos con un chirrido seco. Agarré mi mochila y brinqué al exterior en el segundo que las puertas abrieron.

En los andenes me sorprendí de encontrar la estación Universidad a la hora pico. Hacía solo unos instantes por las ventanillas había visto todo desolado y ahora el panorama era muy distinto. Después de todo, quizá si había dado vueltas por la línea hasta regresar al mismo punto. ¿De dónde había salido tanta gente? Estudiantes, maestros, señoras con bolsas grandes y ambulantes que se apretaban atrás de las rayas amarillas. Yo misma me preparaba para retomar mi camino. Hasta que te vi. A unos metros de distancia, parado en medio del aglutinamiento. A tu lado, una mujer te tomaba la mano. Mi pecho se hundió al ver que la besabas. Un vistazo fugaz me reveló su cara antes de que abordaran. Estaba advertida de los efectos secundarios del procedimiento anti ghosting. Cualquier inconveniente me parecía tolerable, comparado con la tortura de pasar mis días dilucidando los motivos para que me hubieras bloqueado de todos lados. Pero nada me había preparado para esto. Eran mis ojos, mi nariz, mis cejas y mi boca. Mi cara en el cuerpo de otra mujer. Ella desde el otro lado del cristal, como un reflejo en espejo me devolvió una mirada horrorizada, antes de que el vagón arrancara.

 

Por Andrea Madrueño

Soy originaria de la CDMX. Psicóloga clínica y psicoanalista especializada en teoría freudiana y lacaniana. Me apasiona el quehacer clínico y practico desde hace más de 10 años el psicoanálisis en instituciones y en consultorio privado. Soy participante del taller Medusas y de otros espacios de escritura, dese niña he sido viciosa de la lectura y con un profundo amor por el arte de contar historias. Mi debilidad es la literatura y el cine de terror, en general me obsesiona todo lo que tenga que ver con la cultura del horror y lo extraño.

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