A lo largo de mi vida, viví creyendo que era una persona fría, parecía normal, creí que el frío era externo, pero fue hasta que estuve entre sus brazos que me percaté que este frío más bien provenía de mi interior, de mi alma. Siempre fui la típica persona que odiaba el amor, extraño aquellos días… días donde genuinamente me causaba repulsión mirar a una pareja tomarse de la mano, días donde mi plan de viernes por noche era bailar sola en mi habitación, días donde despertar sola tenía un sabor a triunfo.
Todos esos recuerdos quedaron ensombrecidos por su presencia, mis recuerdos felices ya no parecían tan dichosos como antes, pues parecería que no había conocido la dicha hasta que él estuvo frente a mí. Pero no me permitía a mí misma disfrutar esa sensación, luche contra mí misma a capa y espada, me acometía, sentí que por fin me acorralaba y me sentí victoriosa hasta que me miró y dijo: “Hola, mi nombre es…”.
Tuve la certeza que ese dulce calor con un sutil aroma a “hogar” provenía de él cuándo se fue, ahora lo más cercano que tengo a su recuerdo es un rayo de sol en pleno otoño, cuando todo comienza a tornarse frío y sólo ese rayo te mantiene con movilidad, con vida. Ahora estoy en la sombra, esperando la primavera, el panorama parece desalentador, será un invierno duro de sobrevivir.
En retrospectiva, bailar nunca había sido tan divertido, andar por la calle tomada de la mano de alguien jamás me había parecido tan poco higiénico y lindo a la vez, despertar acompañada nunca imagine parecería victoria, aún si compartir significara ceder ¾ de la cama, sentir su presencia por las mañanas siempre será mi sensación favorita. Parece incluso que aún puedo escuchar su risa, aún puedo sentir sus labios sobre los míos, aún escucho el latir de su corazón… abrazo con fuerza esos recuerdos, no dejo que se marchen.
Constantemente me cuestiono si eso era amor, ¿lo era? No lo creo más bien se sentía como una enfermedad, recuerdo que algo dentro del pecho comenzaba a dolerme en cuanto él se marchaba, pero no le daba importancia, nunca había sido tan enfermiza, así que daba media vuelta y me dirigía a tomar 2 ibuprofeno esperando que ese dolor se marchará con él. Pasaba la noche fingiendo que él estaba a mi lado, dormía de solo un lado de la cama dejando espacio para él.
Durante muchos años, por las noches, sola en mi habitación dispuesta a dormir, comenzando a desnudarme, quitándome pensamientos, problemas y demás, dejándolos colgados en el ropero listos para llevarlos puestos la mañana siguiente; notaba que mi alma a través de esos años iba tornándose gris, ha pasado tanto tiempo que no recuerdo que color llevaba puesto en un inicio, pese a ello, los días a su lado iban dejando secuela, pues mi alma se iba sacudiendo poco a poco el gris que llevaba impregnado, esos momentos en los que la felicidad se apoderaba de mí, sentía como mi alma se iba tiñendo de colores y comenzaba a reír de nuevo.
Cuando siento que se desvanecen sus recuerdos, ataco mi mente con el más fuerte que tengo y me platico a mi misma:
Un buen día me encontraba caminando junto a él a la orilla del mar, el sol acariciaba mi piel y de pronto me dijo:
-Corramos hasta que ya no podamos
Y antes de que él comenzara a correr, tomé la delantera, voltee y le grité entre risas:
-Atrápame
Él corrió detrás de mí, me tomó de la cintura y caímos sobre la arena, muertos de risa intentamos incorporarnos, en cuanto estábamos frente a frente acarició mi rostro más suave incluso que el mismo sol, me miró a los ojos y se arrodillo frente a mí, metió su mano en su bolsillo izquierdo, y sacó un pequeño anillo y dijo:
-Quiero reír toda la vida contigo
Sentí como lágrimas resbalaban por mis mejillas y por primera vez me permití dejar que salieran, tomé su mano, me senté junto a él y saqué una pequeña carta que llevaba siempre en mi bolsillo, eran pequeñas frases que había comenzado a escribir desde el día que lo conocí y habían tomado forma durante el paso del tiempo, entonces comencé a leerla.
Desde el momento en el que tus ojos se cruzaron con los míos, sentí que alguien por primera vez me miraba, en el momento en que me abrazaste, sentí por primera vez el calor y conocí mi hogar, en el momento que mis labios correspondían a los tuyos, conocí por primera vez el amor, en el momento en que bailábamos juntos, sentí que por primera vez era libre.
Aquí frente al mar y frente a nuestro amor, prometo mostrarte quien soy aunque me muera de miedo, prometo buscar siempre mi mejor versión para compartirla contigo, prometo acompañarte a donde quieras que este a tu lado, prometo no hacer tantos gestos cuando la comida se te queme, prometo intentar solo ocupar mi lado de la cama, prometo acompañarte a la zona de tecnología del centro comercial aunque me aburra, prometo ir contigo de compras siempre que quieras, prometo intentar decir que “si” al cine, prometo que habrá champiñones en nuestra nevera, prometo intentar hacer que cumplas tu millón, prometo que será bienvenido y amado ese perrito que tanto esperas, prometo ser quien está para sostener tu mano, prometo limpiar tus lágrimas, prometo cuidarte de tus pesadillas, prometo siempre resguardar tus secretos.
El lugar a mi lado siempre estuvo reservado para ti, tómalo y quédate cuanto quieras, te quiero libre y junto a mí; te quiero para regalarte flores, te quiero para cuidarte, te quiero para apapachar tu alma y llenarla de color como lo haz hecho con la mía, te quiero para amarte. Te quiero para reír contigo toda la vida.
Cuando terminé de leerla, lo miré, tomó mi mano y deslizo el anillo por mi dedo. Él se puso de pie y me extendió la mano, yo le correspondí, me levanté y comenzamos a bailar lentamente. Entonces se acercó a mi oído y me susurró:
-¿Te imaginaste bailar con alguien a mitad de la playa?
Y lo miré a los ojos, sonreí y dije:
-Sí, con el amor de mi vida, y lo estoy haciendo justo ahora.
Me gustaba mirarlo hasta sentir que su rostro se quedaba guardado en mi memoria; ese es el recuerdo que me cuento cada vez que siento que su silueta se desvanece de mis pensamientos. Quiero pasar el resto de mi vida pensando en su recuerdo, el dolor me ayuda a recordar que él fue real; mi cabeza está por las nubes o tal vez yo en ellas, no lo sé, ya no se siente como vida.
Él sabía más de mí que yo misma y se marchó sin dejarme instrucciones, no he hablado con nadie desde su partida, jamás fue tan fácil hablar por horas con alguien como con él, en realidad, jamás fue fácil hablar con alguien, no quiero hablar con nadie si no es él. Nadie nunca me amó como él, no quiero otro amor si no es el de él.
Solo espero reunirme con él algún día en otra vida para terminar aquella carta, pues esa vez no leí la última parte que decía así:
Llegaste tarde para ser mi primer amigo y mi primer amor, pero justo a tiempo para ser mi mejor amigo y mi gran amor.

Por Anahí Hernández
Sin Duda Acaricia tu Alma y Renueva tu Esperanza... solo que lo mejor ahora es Ser un viento libre y despreocupado.