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El hombre de los otoños

  • Foto del escritor: cosmicafanzine
    cosmicafanzine
  • 19 feb 2023
  • 4 Min. de lectura

Como cada octubre, Ella acudía puntual a la cita en aquel parque alejado del caos citadino. Ella esperaba ansiosa el otoño para encontrarse con el amor de su vida, un exitoso corredor de bolsa que conociera de manera fortuita en una reunión de trabajo quien pasaba la mayor parte del tiempo viajando. El otoño había sido elegido para sus encuentros amorosos, primero se veían en ese parque con poca afluencia, lejos de las miradas curiosas, a la sombra, sin que Ella pudiera gritarlo a los cuatro vientos, sin que Él la presentara con su familia o los amigos. Ella aceptó esa condición a pesar suyo, “Todo vale la pena con tal de verlo nuevamente”, pensaba mientras los minutos transcurrían con desesperante lentitud. Su consternación crecía, Él era por lo general solía ser puntual, tampoco había un mensaje en el teléfono para indicarle un retraso. Iba a llamarle, pero algo la detuvo. Permaneció ahí sentada por una hora.

Las imágenes de sus cuerpos entrelazados comenzaron a proyectarse en su mente para calmar la ansiedad ante la tardanza del hombre amado. Se vio a si misma manifestarle un ávido “Te amo” sin escuchar en ningún instante la réplica de Él, quien se limitaba a mirar su cuerpo desnudo y sonreír levemente. Alguna ocasión fue capaz de expresar un gélido “Yo también”, solo eso, palabras huecas que, en oídos de una enfebrecida amante, lo llenan todo. Con esos recuerdos ya había transcurrido una hora y nada, sin noticias, sin mensaje alguno.

Ella decidió irse con la dignidad pisoteada. Así, deshecha, optó en no llamarle como una forma de restaurar su dignidad. Con dolor, pero a la vez con rabia a sí misma, recordó los consejos de su hermana en terminar con ese inusual amor que solo ardía bajo el cielo de otoño mientras el resto de los meses, Ella permanecía a la sombra. No perdía la oportunidad en reprocharle ese papel de amante devota. Con ese pensamiento, se alejó del parque convencida de terminar con todo aquello, consigo misma de ser necesario.

Por vez primera, Él había olvidado la cita, el sentimiento de culpa lo recorrió por breves segundos, sin embargo, desapareció casi al instante al recordar la indeleble lealtad de Ella. La situación le era por demás cómoda, sin compromisos, ni exigencias, con el amor de una mujer que no le exigía nada y a cambio, le entregaba todo. Él recordó su rostro, sentía algo sin poder precisar si era o no un sentimiento amoroso. Encendió un cigarrillo, iba a enviarle un mensaje de disculpa, pero una llamada de su trabajo para salir al extranjero lo impidió “Hasta el siguiente otoño” musitó mientras un respiro de resignación escapaba de su boca.

Los meses pasaron rápidamente y con esa rapidez, llegó de nuevo el otoño.

Por vez primera, Él acudió primero a la cita. Se asombró al no verla sentada en la banca de siempre ya que Ella solía llegar primero. Él sacó el teléfono para enviar un mensaje, algo lo detuvo, “Ya no ha de tardar”, pensó plenamente convencido. Pasaron los primeros quince minutos, Él comenzó a impacientarse, encendió un cigarro con cierta desesperación, “Seguramente ya viene en camino, algo la detuvo, sí, eso es…” se repetía a modo de justificar la inusual impuntualidad de Ella. Los minutos continuaban su marcha, Ella no aparecía por ningún lado. Él ya iba por el quinto cigarrillo hasta que no pudo más, dejó a un lado la soberbia y decidió llamarle. Contestó una voz femenina desconocida. Él permaneció en silencio ante esa voz extraña. Su sorpresa aumentó cuando la mujer le dijo “¿Eres el hombre de los otoños?” Él se quedó perplejo, apenas pudo musitar un “Si”. La voz femenina continúo: “Mi hermana me dijo que, si llamabas, te dijera que su siguiente cita sería con la muerte para ya no esperarte el siguiente otoño”.

Él se quedó atónito, mudo, paralizado; el cigarrillo cayó de su boca. El hombre de negocios contuvo el llanto, pero pudo sentir una fuerte opresión en el pecho que se extendió rápidamente hacia sus hombros, a los brazos hasta llegar a la mandíbula mientras los ojos no pudieron más y se inundaron de agua. Él junto con su teléfono cayeron estrepitosamente al suelo.

 

Por Alejandra Calixto Sánchez,

Psicóloga Social egresada de la Universidad Autónoma Metropolitana. Ha participado en presentaciones de "Lectura en Voz Alta" en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (2018) y Feria Internacional del Libro del Zócalo (2018) así como en lecturas de poesía para la Revista Digital “Aleteo poético”, “Mood Magazine”, en el #cóctelmolotovdepoemasincendiarios organizado por la poeta mexicana Lina Zerón y en los eventos: “Posada poética”, “Encuentro poético Internacional”, “Tertulia poética de los inocentes”, “Por nuestro derecho a usar escote” organizados por Centro Cultural Futurama y Verso Destierro y en el “I Festival Internacional de Poesía Ergo”.

De enero 2018 a la fecha, es Locutora y Titular del Programa de Radio “Café con Letras”,

Ha obtenido el premio “Prometeo 2019” y “Prometeo 2020” otorgado por la Empresa LyL en las categorías de mejor Programa de Difusión Cultural.

Sus poemas han sido publicados en la Revista Literaria Vomito de letras, “Poemas del alma”, Circulo Literario de Mujeres, Revista Cultural Mood Magazine, Verso Destierro., Revista “Anestesia” y Verso Destierro. Es autora de la Novela “En la piel del desamor” (2018) publicada por el sello de “Universo de Letras”.

Colabora en la 3era. Emisión Fin de Semana Imagen Informativa (Grupo Imagen) donde realiza cápsulas con temáticas en salud mental.

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