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Eterno retorno

Foto del escritor: cosmicafanzinecosmicafanzine

Miro el reloj y no ha pasado ni un segundo. Tomé el té a las 5 p.m. del día uno de julio de 2023. El efecto comenzó media hora después de haberlo terminado, lo supe porque la sensación en mi estómago apareció como un vuelco, un vacío, un cosquilleo de pura adrenalina, entonces el cielo que estaba frente a mí, limitado únicamente por montañas y mi propia visión, comenzó a tornarse naranja en la línea del horizonte, las nubes parecían llamaradas rosadas, con formas de explosiones gigantescas y de pronto sentí calor, mucho calor, estaba quemándome, atrapada en esas llamaradas de vapor. Grite y grite hasta que las nubes se fueron apagando, entonces recordé que no estaba allí dentro, otro vuelco al estómago y ahora también al corazón; mi imaginación y atención me habían transportado a ese incendio numinoso. Vi el reloj y marcaba las 5:01 p.m pero era imposible, la luz del sol había desaparecido por completo. Mire a mi alrededor y me encontré con una cempasúchil que desprendía multicolores, no era naranja, la luz que quedaba del cielo llegaba a ella provocando un espectáculo de juegos pirotécnicos. La saturación de los matices infinitos era tal que me sentí absorbida y lanzada como chispa, explote al llegar a una altura indecible. Cada una de mis hojas-chispas se dispersó por doquier y desapareció en la caída. ¿Dónde estaba yo, entonces? Esa pregunta me regresó a mi cuerpo humano, sentí la hierba húmeda y fría bajo mis pies como si fueran gusanos queriendo entrar bajo mi piel. Y así fue, vi como el pasto se convertía en gusanos babosos y entraban por la piel de mis pies, subían por mi pantorrilla, la humedad lleno mis piernas, torso, brazos hasta el último rincón de mi cerebro. ¿Por qué imaginas esto? de nuevo una pregunta que me regresaba a lo "real", vi el reloj y eran las 5:01 pm. ¡Esto no era real! La noche había caído por completo. Fui corriendo hacia la habitación más cercana y miré el reloj en la pared: las 5:01 p.m. corrí hacia la siguiente habitación, el reloj en la pared: 5:01 p.m. Salí y de pronto me encontré con un pasillo cubierto de pasto y puertas idénticas a la primera. Entre corriendo a una, su interior era el mismo: catre al centro, ropero de lado derecho, mesa de lado izquierdo, reloj colgado arriba de la cama, hora las 5:01 p.m. Vi mi teléfono y aunque las letras y números bailaban, pude distinguir la fecha: uno de julio de 2023. Salí de allí, entré al otro cuarto: cama en el centro, ropero a la derecha, mesa a la izquierda, reloj en el centro marcando las 5:01 pm. Salí, corrí por el pasillo de pasto, hasta donde mis piernas pudieron soportar, pero ni de chiste pude llegar al final. No había final, al menos mi vista y piernas no pudieron llegar hasta allí. Me paré exhausta frente a una puerta, temerosa de encontrarme con la misma habitación. Gire la manija, empuje y allí estaba yo. En una cocina a punto de tomarme un té.

-¡No lo hagas!- Grite y tire de su mano, mi mano, la taza, pero era demasiado tarde, mi estómago sintió el vacío de nuevo, parada frente al fuego del cielo. Miro el reloj, no ha pasado ni un segundo.

 

Por Karina Méndez Castro

Licenciada en psicología, estudiante y apasionada del arteterapia y de las escuelas de autoconocimiento, la naturaleza y la consciencia. Cuenta con diplomas en Tanatologia, Arteterapia y Terapia Narrativa desde un enfoque feminista, ha trabajado con grupos dando talleres de escritura terapéutica y arteterapia y brinda acompañamiento psicológico. Reconoce y utiliza el arte como una herramienta poderosa para la sanación y crecimiento personal y colectivo. Escribe sus sentipensares desde que tiene memoria y disfruta mucho de jugar con el lenguaje escrito.



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