Alzando la cabeza y agitando el hocico,
el lobo ahuyentaba la luna…
Con su silueta radiante y rutilante, …ésta lo observaba
apaciblemente en el monte.
La noche se sintió fría y omisa, pareció morir…
De pronto la lechuza, que no era ajena, comenzó a ulular…
El lobo desistió en su propósito.
La luna resplandeció su reflejo danzante en el río azul.

Por Oscar W. Duro Hernández
Jubilado amante de la lectura, y de escribir para mi y mis allegados, aún no he publicado libros estoy trabajando en ello.
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