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Muñecos de pastel

Foto del escritor: cosmicafanzinecosmicafanzine

Es sábado por la mañana, el sexto día de la semana Pía se levanta más tarde de lo acostumbrado. A las ocho en punto sale de la cama y se cubre con su bata blanca de satín, se coloca las pantuflas y se dirige a la cocina a poner agua a hervir en la tetera. Después de hacer sus necesidades en el baño se cepilla los dientes cuarenta veces al igual que el cabello. Se lava el rostro y al enjuagarse alcanza a ver un par de canas en cada sien, esboza una mueca parecida a una sonrisa y piensa que para sus cincuenta y cinco años está envejeciendo con gracia. Enciende la radio y escucha la noticia sobre el asesinato de la reina del tex-mex. Sirve agua en su taza rosada de porcelana y cuenta: una cucharada de café, dos cucharadas de azúcar y tres cucharadas de crema en polvo. Y mientras integra todo con movimientos circulares se siente osada, pues solo en su bebida matutina se permite quebrantar su regla de vivir en números pares.

Con café en mano se para frente al juguetero de su sala, un mueble de cuatro niveles con cuarenta figurillas de madera, vidrio y porcelana equitativamente distribuidas. Todos los sábados desaloja el mueble, le sacude el polvo y lo deja brillante con una delgada capa de aceite para maderas finas. Después de darles limpieza a las figurillas procede a colocarlas en las repisas, cada semana las acomoda de forma distinta, excepto al par de muñecos de pastel que conserva del día de su boda, a la novia siempre la pone en la parte de arriba y al novio en la última repisa.

Mientras Pía termina de acomodar las figuras del primer nivel en la radio suena “Siempre hace frío”, de Selena Quintanilla. Un suspiro se le escapa y la lleva al pasado: después de celebrar su noveno aniversario su esposo salió como de costumbre a trabajar, el barco pesquero le aguardaba pero ella se resistía a dejarlo ir, un profundo dolor en el pecho le advertía que algo malo pasaría. Su esposo la abrazó y la llevó al juguetero de la sala, tomó a los muñecos del pastel y le dijo: “Estos somos nosotros”. Y los colocó en repisas diferentes. “Y por más distancia y tiempo que se interponga entre nosotros siempre, siempre voy a regresar a ti”. Su expresión tranquila, su voz suave y su tacto amoroso le ayudaron a recobrar la calma. 

Una tarde de abril de 1969 Pía recibe una carta de la compañía pesquera, en ella el director le informaba de la desaparición del barco Santa Clara Segunda, en donde trabajaba su esposo. Le explicaban que la embarcación fue azotada por una tormenta tres días después de zarpar y desde entonces perdieron comunicación con ella y su tripulación. Fue un golpe terrible; nunca había sentido tanto dolor y coraje al mismo tiempo, irónicamente se había convertido en uno de esos números impares que tanto había evitado. Desde entonces, cada que pasaba frente al juguetero veía al novio de porcelana y le hacía muecas, frunciendo la nariz, enseñándole la lengua y le gritaba, le llamaba mentiroso por no haber cumplido su promesa.

El lunes a mediodía llegó del mercado. Mientras guardaba su mandado escuchaba la televisión de fondo, trasmitían el sepelio de la cantante mexicoamericana. Interrumpió un momento su tarea y se sentó en la sala a ver las tristes escenas del joven viudo, le conmovió tanto que de sus ojos salió una cascada de lágrimas y envidiosamente pensó que al menos él tuvo un cuerpo qué sepultar y tendría un lugar al cuál llevar flores. Por la noche, después de cepillarse los dientes y el cabello salió del baño, se detuvo frente al juguetero unos minutos, tomó al novio llevándolo a su pecho, le dio un beso y lo colocó en la repisa superior, junto a su compañera.

En la mañana cuatro golpes tocando a su puerta la despertaron. Se quedó acostada unos segundos, adormilada, pensando en quién podría ser a esa hora. Y de nuevo cuatro golpes más. “Ya voy, ya voy”, decía desde el pasillo cruzando a la sala al momento en que otros cuatro golpes insistían en su puerta. Al abrir, la expresión en su rostro se congeló. Frente a Pía se encontraba, ya canoso y un poco encorvado, el esposo que veintiséis años atrás prometió siempre volver a ella. 

 

Por Angélica Ramos

(Zacatecas)

Escritora publicada en antologías y medios digitales como Amoxtli de Cuentos Fantásticos con el “El Soldado” (2019), revista Extrañas Develadas con “Las Pequeñas Muertes” (2022). “Casa Vacía” para Cósmica Fanzine (2022) y “Astral” (2023). Participó en la Jornada de No Violencia Hacia las Niñas y las Mujeres con “La Delgada Línea” para Red de Narradoras México (2022) y “Pide un Deseo” para la revista Irradiación (2023). 


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