Había leído una vez a un filósofo oriental que se quejaba de la sociedad actual. El autor escribía acerca de cómo los jóvenes exhibimos nuestros cuerpos como mercancía en las redes sociales y el erotismo desaparecía. Porque lo sensual está en lo oculto, en la seducción, no en los cuerpos expuestos de forma pornográfica y consumista.
A mí ese tipo de libros me parecían una basura que escribiría una persona que está en contra de la forma en la cual los millennials viven su sexualidad.
La cosa cambió cuando tuve una cita en plena pandemia. Las dos éramos distintas pero teníamos arte corriendo por las venas y deslizándose en forma de círculos que se enredaban en nuestros cráneos. Nos unía el hecho de que éramos mujeres y que pertenecíamos a la misma minoría.
Hay una especie de unión y de ciudadanía en todo ese rollo de pertenecer a una minoría. Si tuviera que ponerlo en palabras escribiría: “estamos en la misma isla y por eso te apoyo.” Eso es una mierda y es difícil porque pertenecer a la misma “nación” hace que engancharse sea todavía más fácil.
No pensaba en lo fácil que sería engancharme, ni tampoco pensaba en filósofos orientales mientras caminábamos juntas con los barbijos puestos. Cuando ya era tarde nos detuvimos frente a una pared llena de grafitis. Y en medio de todos esos dibujos había uno escrito con pintura púrpura que decía: “aborta al heteropatriarcado”.
Luego de verla, ella me devolvió la mirada con sus ojos claros. A la noche su iris adquiría un tono plateado, asemejándose a una luna. Como ella tenía el barbijo puesto lo único que podía visualizar era su frente pecosa, sus ojos y su cabello ensortijado. Estaba completamente vestida y tapada con un barbijo y aun así me parecía el ser más excitante que había en la faz de la tierra.
El filósofo oriental tenía razón. También las feministas y los artistas que hacen grafitis están en lo cierto. Ella me miró y a pesar de que su barbijo cubría su boca sé que me sonrío y yo le devolví la sonrisa. Sé que ella sabe que sonreí. Porque cuando leímos el grafiti las dos lo entendimos y nos entendimos.
Supongo que los filósofos orientales la tienen clara.

Por Adelaida Cuni
Escritora ítalo-argentina nacida en 1998. Cuni estudia la Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de San Juan. Durante su tiempo libre administra un blog de viajes y de libros en instagram y lee. Cuni ha escrito cuentos y una novela de terror, también artículos periodísticos y reseñas de libros.
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